Nutrir el Alma

En nuestras vidas vamos caminando y viviendo un sin número de experiencias unas más positivas que otras, desafortunadamente las que son negativas en lugar de procesarlas, digerirlas y evacuarlas, las vamos peligrosamente guardando en el desván de los trebejos, en ese lugar oculto e inconsciente donde acomodamos las carencias, los vacíos, las frustraciones y eso acumulado va produciendo un vacío interno que si no lo manejamos, nos empieza a manejar a nosotros, nos lleva a la avaricia pues buscamos llenar ese vacío existencial con cosas, relaciones, propiedades.

Cogemos y consumimos más de lo que la naturaleza nos puede dar, polucionamos más de lo que la naturaleza es capaz de reciclar. La avaricia, el egoísmo, el apego y las dependencias son las raíces que provocan un gran desequilibrio a escala mundial, pero también a menor escala: nuestro entorno local y familiar.

Llenar el vacío del alma acumulando cosas nos lleva a la falta de respeto hacia nosotros mismos, los demás, los animales y el medio ambiente. Estas ansias de tener y tener generan en nuestro interno una necesidad apremiante de poder y mucho miedo a perder y a cambiar, nos enquilosamos en zonas de confort aunque no nos gusten: trabajo, pareja, relaciones, adicciones etc.

De ahí queridos lectores, la importancia de nutrir el alma, de buscar constantemente no la satisfacción de las necesidades sólo físicas y materiales si no trascender al plano del corazón, e ir en pos de la plenitud espiritual, esto nos da centro, equilibrio,  nos fortalece, de esta manera, no necesitamos defender nada pues no tememos perder nada. Un individuo lleno de si mismo no necesita dominar y se halla exento del apetito desbocado de poder, por el contrario actualiza sus potencialidades basándose en la libertad y la integridad del yo verdadero.

La obsesión por el control se basa generalmente en la desconfianza, necesitamos desde nuestro ego sentir que las cosas o las personas las poseemos, que son nuestras, mías, objetos de manipulación, propiedad privada y esto conlleva a que vivamos llenos de miedo de perder estas propiedades, que alguien no las quite y cuando actuamos desde el miedo afloran en nosotros pensamientos, palabras y acciones violentas.

El origen último del comportamiento violento es que el alma, no ha sido nutrida lo suficientemente como para sentir esa plenitud y esa realidad espiritual. El alma necesita sentirse amada, cuidada, respetada, valorada. Estas son las bases para que un ser humano pueda mantener una mente equilibrada, sana y fortalecer sus bases para construir una autoestima sólida y verdadera.

Deja un comentario